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La búsqueda del amor y el miedo a encontrarlo
Interesante reflexión acerca del concepto del amor en nuestra sociedad.
 

Según Jean Piaget antes de que nuestro sistema neurológico esté maduro (y en su época eso ocurría alrededor de los diez años) no somos capaces de analizar, criticar, discutir y, en su caso refutar la información que recibimos, por lo que la absorbemos como esponjitas.

Gran parte de esa información se transforma en creencias limitantes, y como el proceso ocurre de manera inconsciente, no podemos reconocerlo, al menos usando solamente nuestra mente racional.

Una gran cantidad de afirmaciones que absorbimos tienen que ver con el Amor: aprendimos que amor es sacrificio, que el amor es puro y desinteresado, que amar es dar y no recibir (¿Y entonces, quién recibe?), aprendimos que amar es dejar de ser uno mismo para fundirte con el otro, aprendimos también que existe un amor absoluto, el verdadero, que cuando lo tienes nada te falta.

Estas afirmaciones quedaron grabadas adentro de nosotros como postulados incuestionables. A nadie se le ocurre pensar que las cosas puedan ser de otra manera y vivimos entonces en una situación de trampa en donde hagamos lo que hagamos, nos va mal: si amor es sacrificio, resulta que si amo, mal, porque sufro, pero si no amo, también mal, porque no seré amado y no tendré ese amor absoluto que resolverá todos mis problemas.

Por eso buscamos “ese” amor, el verdadero, no otros. Primero lo esperamos de los padres creyendo que si somos suficientemente buenos nos querrán absolutamente, cuando caemos en la cuenta de que nuestros padres nos quisieron como pudieron, lo seguimos buscando en la pareja y luego en los hijos.

Y el amor absoluto nunca llega porque no existe, al menos no en el mundo de afuera, porque cada quien quiere como puede, ni siquiera como le gustaría querer.

Pero para tenerlo, nos sacrificamos, tratamos de querer a nuestra pareja como creemos que necesita ser querida a costa de dejar de ser nosotros mismos, de sacrificarnos y, por lo tanto, le exigimos que haga otro tanto.

Las relaciones se vuelven así obligaciones en donde ninguno está siendo como es, falla, se equivoca, y el otro reclama, cada uno siente que está poniendo todo de su parte sin ser correspondido, y el esfuerzo para poner todo de su parte es demasiado.

Por eso, al mismo tiempo que seguimos anhelando ese amor maravilloso, tenemos miedo a encontrarlo y estar obligados a hacer ese esfuerzo sobrehumano para ser como no somos. Tenemos miedo a ilusionarnos y volvernos a desilusionar, de salir lastimados.

De ahí viene el famoso “miedo al compromiso”, que en realidad es miedo a la desilusión, al sacrificio, a dejar de ser yo. Buscamos ese amor absoluto, con miedo a encontrarlo y de constatar que no nos da la felicidad absoluta, tan anhelada y por eso a veces, cuando tenemos un amor a la puerta, le huimos.

Y todo este enredo se arma, en parte, por las creencias limitantes sobre el Amor de las que hablamos hace un momento, y en parte, porque no sabemos que la única persona que puede querernos justo como necesitamos, somos nosotros mismos y que la felicidad absoluta tampoco existe, se construye con muchos detalles lindos y momentos agradables.

Si tú aprendes a quererte a ti absolutamente, incondicionalmente y te llenas de amor de ti hacia ti, puedes entonces recibir el amor que los otros te dan, a su estilo, con sus limitaciones, como ellos lo pueden dar, y disfrutarlo como un regalo de la vida.

Probablemente estés pensando que esto se dice fácil pero ¿cómo se hace?

Imagínate platicando contigo, comprendiéndote, dándote cariño, abrazándote, aceptándote o escríbete una carta de apoyo y comprensión.

Si quieres hacer un ejercicio más completo, Alom Editores tiene un material de audio que se titula precisamente “Para quererte tú a ti justo como necesitas”.

Practica a ver a los otros como son, con sus cualidades y defectos y no como quisieras que fueran y evalúa si así como son, los tomas o los dejas y, si decides tomarlos, a qué distancia de ellos quieres estar.

En el libro de Autohpnosis, aprendiendo a caminar por la vida que escribí con Jorge Abia hay muchos ejercicios para facilitar ese proceso.

Ármate de valor y muéstrate cómo eres, con lo que te gusta y te disgusta de ti. Si te quieren, que te quieran así como eres, si lo haces, será más fácil vivir tus relaciones como oportunidades en lugar de como obligaciones, aprendiendo de los demás, recibiendo lo que te dan y sin exigirte ser como no eres.

Ojo: el ser como eres no incluye lastimar a los demás, cuando estés con alguien a quien quieres, proponle, proponte, pasar a gusto ese momento, pase lo que pase, sólo ese momento.

Pronto te darás cuenta de cuántos momentos lindos han tenido que forman semanas, meses, años de estar juntos, contentos, disfrutando la vida, con una felicidad tranquila, y así verás que ya no andas buscando el amor absoluto, sino que esperarás el amor que llegue, tal como sea, sin miedo a encontrarlo.

Artículo Original: 

Dra. Teresa Robles 
Centro Ericksoniano de México

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